Hematomas en el alma
Un día decides increpar su conducta agresiva y es el comienzo del fin…
Las manos que un día te acariciaron hoy dibujan hematomas en tu cuerpo, los labios que un día te brindaron ese primer beso hoy te bombardean con despreciables improperios.
Buscas refugio en sus brazos y encuentras empujón que te sitúa a metros de distancia y suplicas a las altas energías que no avance hacia ti, que no te alcance su fuerza.
Las piernas que un día te parecieron atléticas y atractivas hoy impactan sobre toda tú. Sientes como cruje cada fibra muscular, sientes el desgarro interno y, con todo ello, va tu alma herida de muerte.
Cada día destroza algo de tu “hogar”. ¡Y qué afortunada eres cuando solo ha roto un cristal de un puñetazo! Rauda te dispones a limpiar sus heridas y él te sorprende diciendo: “¿Ves lo que consigues que haga?” ... Y tú te culpas y piensas que debieras haberte callado, haber accedido a sus deseos, haber seguido su hoja de ruta de sumisión, esclavitud y vida confiscada.
No te mientas más pensando: “Hay días en los que no me maltrata, no es violento, no me menosprecia o no me insulta”. Principalmente, esto ocurre cuando no está en casa, y deseas que no regrese nunca.
Han fracasado todas tus esperanzas de conseguir una relación de verdadero amor, de conseguir que cambie. Él nunca va a cambiar, tú no puedes ayudarlo (y ni siquiera él puede), eso no está en tus manos y, probablemente, ni en las suyas. ¡En sus manos estás tú y, con ello, tu libertad y tu vida!
Sé cómo te sientes, lo que piensas de ti… has pensado incluso en desaparecer. No te gustas, no vales la pena, sientes compasión de tu inexistente personalidad.
¿Cuánto hace que no te maquillas? Exceptuando las veces que te tapas un moratón.
¿Cuánto hace que no te miras al espejo? Temes verte por dentro, por fuera ya ves el desastre.
Te preguntas: “¿Qué hago? ¿A dónde voy? ¿Cómo salgo de esto? ¡No puedo tirar todo al traste!” ¿Todo? ¿Qué todo? No tienes NADA, SALVO AGONÍA.
Te tienes a ti, una vida impresionante te está esperando al otro lado del pánico.
Él ha cercado cualquier vínculo que pudieras tener con el exterior, te ha creado un estado de sitio (estás situada). Deseas visitar a tus padres (ojalá sigan vivos cuando consigas salir de ahí), a tus hermanos, tíos y demás familia. Sabes que a él no le gusta que te relaciones con nadie si él no está presente. Y si él está presente, ya decide por ti. Otro día será, pasan meses y años. Todos tus apoyos se van alejando, todo queda relegado a un mañana incierto y, sin embargo, ni en Navidad se produce ese encuentro.
Esa sangre derramada tras cada paliza es tu vida despidiéndose de ti. Ese pensamiento invasivo sobre ti es tu mente testimoniando en tu contra. Cuántas veces más vas a salir a la calle, con una sonrisa que no te pertenece, por si descubren la verdad desnuda y yerma en la que malvives y malmueres día tras día.
Tus hijos no merecen esa angustia, ese desprecio, ese padre. Te quieren, te necesitan… te necesitan bien y ¡VIVA!
Escuchas unos pasos al otro lado de la puerta, suenan unas llaves, se aproximan a la cerradura. Finalizó esa pseudo-paz que habías creado por un instante. Ahora toca ir sorteando miradas, te percatas que todo esté perfecto, que nada le moleste, la casa impoluta, la ropa ordenada, la cena caliente y los niños en su habitación para que no interfieran. Todo a su medida para que tu “dueño y señor” no se incomode y, aun así, nada evita su enojo.
Sonó un mensaje en tu móvil. ¡En buena hora! Una amiga pregunta cómo estás, que cuándo vais a tomar un café. Te dices a ti misma que ojalá lo envié todo en un único mensaje, pero el móvil suena varias veces más… ya es tarde, tu móvil yace estrellado contra el suelo y, por si fuera recuperable, lo pisa con fuerza una y otra vez. Incomunicada y en sus manos, así transcurre tu “no vida”.
Y si acaso tienes dudas sobre si estás sufriendo algún tipo de maltrato, créeme lo estás sufriendo; si te muestra y demuestra indiferencia, si desaparece por días y aparece diciendo que necesitaba su tiempo bajo la premisa de “yo soy así”, bríndale todo el tiempo del mundo con tu ausencia, nadie merece esa incertidumbre, que nadie menoscabe tu salud mental, que nadie maneje tus tiempos, tus espacios, tus amigos, tu familia.
Mírate: ama de casa, trabajadora, estudiante, madre, esposa, hija, hermana, tía… Eres una mujer de capacidades increíbles y todas ellas en calidades extraordinarias.
Vas a lucir las mejores galas y no hablo de ropa (que también), vas a brillar con esa luz cegadora que solo desprenden las VALIENTES.
Vas a ir desprendiéndote de cada golpe, de cada ofensa, de cada humillación, de cada daño infringido, vas a quererte y admirarte como nunca lo has hecho.
Nadie es capaz de soportar tanto y tu has sido capaz de resistir lo inhumano.
¡AQUÍ COMIENZA TU VIDA!
Sal ya, VETE, no recojas nada, vas a recuperar todo, incluida tu vida.
Voy a ayudarte, no olvides mi nombre, búscame, estaré siempre para ti.
Eres bella desde los pies hasta el alma, eres linda desde tu miedo hasta tu libertad.
Por ti, por mí, por las que no lo consiguieron y ya no están, ¡va por todas!
Hazme ese favor, hazte ese favor. Sé de lo que hablo, sé lo que sientes, yo lo he sentido.
Tu autoestima merece escuchar bellos calificativos, mereces mirarte como si hubieras descubierto una galaxia, eres un mundo hermoso donde habitar. Porque eres prosa poética y él sólo sabe destruir poemas.
Permite que te lea quien ame cada letra de tu piel, cada línea de tu ser. Que tu tinta invada mundos y que tu historia sea la más heroica jamás contada. Amiga mía, tu lucha ha sido a muerte.
Tú has sido, eres y serás el mejor proyecto. Tú puedes, yo he podido. Aquí estoy esperándote, toma mi mano… ¡ya estás fuera de peligro!
Silvia Pedreyes Sainz-Pardo. Superviviente

Comentarios
Publicar un comentario