Mujer y medioambiente: una alianza natural

En uno de sus últimos informes, la ONU asegura que las mujeres y niñas son quienes soportan las peores consecuencias del cambio climático, (cambio súbito de las temperaturas, incendios, inundaciones, cosechas deficientes, contaminación creciente del aire y el agua, nuevos riesgos para la salud de las familias) y que los desastres provocados por los fenómenos meteorológicos exacerban las desigualdades de género más arraigadas.

 

Resulta evidente que la crisis eco-social afecta más a las mujeres que a los hombres, especialmente en las zonas más vulnerables de nuestro planeta, y que se necesita un profundo cambio de mentalidad para que nuestro medio ambiente deje de percibirse como una amenaza y empiece a ser tratado como una oportunidad de futuro para las nuevas generaciones. En ese sentido, una economía inclusiva resulta esencial para la consecución de un desarrollo sostenible que contemple la equidad de género. Un modelo en el cual la mujer tenga un papel fundamental en la respuesta para poner freno a la crisis climática.

 

Muy pocas personas dudan ya de que necesitamos energía basada en fuentes renovables, limpias y baratas; y también que es necesario minimizar nuestras tasas de residuos no recuperables. Caminamos hacia un modelo de Economía Circular en el cual, cada residuo existente es una oportunidad para generar un recurso que se renueve en otro ciclo de vida, útil para el desarrollo económico, beneficioso para el medio ambiente, y provechoso para la generación de nuevo empleo.  Por eso, el cuidado de nuestro entorno, un consumo racional de materias primas y energía, el reciclaje y el crecimiento de la economía circular, no son una moda o un capricho pasajero. Han venido para quedarse y debemos integrarlos en nuestra vida cotidiana.

 

En este modelo, las mujeres están llamadas a desempeñar un papel esencial para garantizar la protección de ecosistemas frágiles, y una gestión más justa, eficiente y sostenible de los recursos naturales.  En el caso de Cantabria, el cuidado de nuestro entorno supone una de nuestras principales señas de identidad. En nuestro medio rural, mujeres ganaderas, y pequeñas empresarias al frente de sus negocios de transformación agroalimentaria, han soportado de manera ejemplar los efectos de una pandemia que han afrontado sin desfallecer, para que los alimentos siguieran llegando a nuestros hogares con las mejores condiciones sanitarias.

 

La salida de la crisis de la COVID19, no puede sino ser una salida verde,  y con ello se abre una puerta a un proceso de cambio y transformación; en definitiva, a una etapa de modernización y apertura que requiere de medidas para hacer a nuestra sociedad más justa e inclusiva.

 

Nuestros hábitos de consumo y producción han seguido durante décadas una tendencia general al desperdicio. Ahora es el tiempo de Reducir, Reusar y Reciclar. Por eso, las mujeres de Cantabria deben sentirse como las auténticas protagonistas de la transición ecológica en la que ya estamos inmersos. Se trata de un proceso sin precedentes hacia la sostenibilidad, que necesita de soluciones justas, efectivas y sostenibles, que incluyan todas las perspectivas y las ideas; teniendo en cuenta que todavía queda mucho por hacer para reforzar el papel de la mujer en la toma de decisiones.

 

Guillermo Blanco Gómez, secretario de administración local del PRC

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