Entrevista a Conchita Mantilla Rodríguez por Lucía Mantilla Nieto

Fue pionera como mujer empresaria siendo una de las fundadoras de la asociación de mujeres empresarias de Cantabria y como mujer en la política regional, primera mujer concejal del PRC en Santander. ¿Qué le motivó a dar ese salto a la escena política municipal? ¿Cómo vivió esos tiempos?

En el año 77 cuando se empezaron a crear las asociaciones de empresarios, sus juntas directivas solo estaban conformadas por hombres, no ponían en esos puestos a mujeres a pesar de que había empresarias. Esa circunstancia me enfadaba mucho, así que como sabía que en Madrid había una asociación de mujeres empresarias las llame y les pregunté como lo habían hecho ellas y monté una asociación de mujeres aquí en Cantabria. Después de unos años de actividad de la asociación, coincidió que nos recibió el Rey hecho que le llamo la atención a Miguel Ángel Revilla y vino a hablar conmigo. Me pareció un político honrado y esos primeros años de la autonomía me ilusionaban. Me propuso afiliarme al PRC y formar parte de la candidatura regionalista al Ayuntamiento de Santander junto a Antonio Perez, Tonino, y Rafael de la Sierra. 

Hasta entonces no había tenido ningún concejal el PRC en la capital y salimos 3.

 

¿Qué recuerdos guarda de sus 8 años como concejala de Servicios Sociales?

Tengo recuerdos buenos, malos y regulares. Por lo general, lo pasé bien. En El Ayuntamiento estábamos coaligados con el PP y su forma de trabajar era como si mandaran ellos solos y eso no hubiera sido posible sin el PRC. Yo llevaba el área de Servicios sociales y me asignaban un presupuesto muy escaso. No entendían que se cuidaba de personas y no a cosas y por ello estaba en constante lucha, por conseguir más presupuesto, hasta que me impuse. Fui muy ayudada por Rafa de la Sierra quien consiguió que me subieran el presupuesto. Había que equiparar la dotación presupuestaria a lo que demandaba el servicio, y por entonces el alcalde consideraba los Servicios sociales como caridad y eso no era así.

 

Durante mucho tiempo las mujeres han brillado por su ausencia en la adopción de decisiones y en la formulación de políticas públicas ¿Se sintió atacada alguna vez por su condición de género? ¿Cómo se desenvolvió una mujer en un mundo hasta entonces de hombres?

Por entonces, si me sentí atacada por ser mujer. Me serenaba y decía “voy a ir por las buenas”, pero en el momento que no era así, iba a por ellos. Algunos se ponían desagradables, pero otros lo pensaban bien y me ayudaban. Yo no trabajaba por mi sola como mujer sino porque todas las mujeres pudiesen formar parte de las instituciones. Si no entraban todas, yo no quería.

 

Qué hay para usted de cierto en estas afirmaciones: “Si una mujer entra a la política, cambia la mujer”, “Si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”.

Creo que no hay política masculina ni política femenina. Es trabajar por y para una política justa, seas hombre o mujer.

 

¿Cómo pueden ayudarse las mujeres entre sí en la política para lograr la equidad de género?

Pienso que cada una debe luchar por lo que piensa. Si todos luchamos por la igualdad de genero se conseguirá, pero hay que verla como es para conseguirla.

 

¿Desde su parecer de qué manera la participación de las mujeres influye en la política? ¿Qué está aportando la presencia de las mujeres a la política?

La presencia más notoria de la mujer en la política es una novedad ya que nunca se había contado con nosotras. Aportamos igual que los hombres siempre que se desarrolle una política bien llevada, razonable, que se pueda dialogar, al servicio del ciudadano. La política femenina y masculina en ese sentido es lo mismo, aunque lo que si nos puede diferenciar es que podemos hacer que los hombres piensen que la política puede llevarse de otra forma, hacerles cambiar.

 

El camino hacia la paridad en el poder es largo… ¿qué retos considera quedan por delante?

No hemos llegado aún al techo de cristal que todos hablan. Hay que seguir como hasta ahora, que hemos conseguido mucho en poco tiempo, sin ponernos nerviosos. Seguir igual y muy dialogantes.

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