Otro veinticinco de noviembre más
Es repetitivo el discurso, ojalá no lo fuera, pero lamentablemente debemos decir que es así.
Vemos cómo cada día las noticias de los medios de comunicación nos informan de asesinatos, violaciones, agresiones, acosos, vejaciones y una larga lista de violencias que en muchos casos no solo se califican como tal, sino que se les añade el término brutal o salvaje.
Las mujeres sufren diferentes o diversos tipos de violencia, es evidente que el de la muerte de una mujer o de sus hijos e hijas a manos de su pareja o ex pareja (violencia vicaria) es la más cruel de las violencias que alguien puede padecer.
Los menores víctimas mortales en casos de violencia de genero contra su madre ascienden a 44 de 2013 a octubre de 2021.
Los menores huérfanos por violencia de genero ascienden a 24 en 2021, 330 desde 2013.
El número de mujeres asesinadas por su pareja o ex pareja asciende a 37 en 2021 y a 1.118 desde 2003.
Nos matan y matan a nuestros hijos e hijas. Algo que las que no lo hemos sufrido, no podemos ni imaginar. ¿Cómo una madre, puede superar algo de ese calibre?
Cuando un maltratador asesina a los hijos o hijas de una mujer, la está infligiendo el mayor daño a la que se la puede someter, las está matando dejándola vivir.
Alguien puede decir que los asesinatos a hijos e hijas también los cometen mujeres, y evidentemente es así ,no negamos que hay mujeres que matan a sus hijos, pero las cifras hablan y los contextos también y estos datos ponen de manifiesto que el maltratador asesina a sus propios hijos o hijas o a los hijos o hijas de ella ,para hacer daño a la mujer, simplemente es así.
Conocemos diferentes formas de maltrato a una mujer, muchas de ellas aún sin reconocerse por las propias víctimas, ya que no son conscientes de que lo están padeciendo, pero sin duda, todas y cada una de ellas dejan una secuela que en muchos casos es irreversible y que condicionara su vida para siempre.
Es preocupante como en una sociedad del siglo XXI, dentro de las instituciones y órganos de gobierno, se escuchan y toleran mensajes que más nos recuerdan al Toledo del siglo XVII, que a la sociedad avanzada de la que presumimos. (En la noticia que este boletín publica este mes, compartimos un magnífico reportaje del Diario.es que hace referencia a cómo la violencia en las mujeres es estructural y así lo muestran documentos históricos, en este caso de Toledo).
Sí, hemos avanzado, pero no es suficiente aún, queda mucho por andar.
La educación es básica para esto, la conciencia social es necesaria para frenar que la mitad de la población continúe sufriendo. Y como no, la negación de cualquier discurso que contradiga algo tan irrefutable como son las cifras.
No permitamos que se desvíe el objetivo, objetivo que no es otro que mantenernos vivas, que nuestros hijos e hijas no sean víctimas, que no nos violen, que no nos acosen, que nos nos desprecien. Porque ser mujer no es ser menos que ser hombre, porque la mujer es un ser humano, esto que parece tan obvio, es aún no entendido por muchos.
Vanessa Montes, secretaria de la Mujer del Partido Regionalista de Cantabria.
Comentarios
Publicar un comentario