Mujeres en la música
La falta de referentes es una de las primeras dificultades a las que nos enfrentamos. Si pides el nombre de un compositor clásico en seguida surge el de Bach o Mozart. ¿Podrías dar el de alguna mujer? Muy difícil ¿Y cómo es posible que en un mundo en el que representamos más del 50% de la población y en el que la música está presente en todas las culturas no haya habido una compositora relevante de la que nos podamos acordar? O bien por falta de autorización de sus padres o maridos, o porque en general no estaba bien visto por la sociedad que una mujer se dedicara a este campo, nos ha quedado una historia de la música sin apenas nombre femeninos. La misma Clara Schumman (1819-1896), una de las compositoras alemanas más famosas de la era romántica, desconocía a sus predecesoras, y alguna vez escribió: “Una mujer no debe desear componer, nadie lo ha logrado, ¿por qué yo debería poder?”. Y eso es lo que provoca la falta de referentes, la idea alocada de que si alguien antes no lo ha conseguido no voy a ser yo quien lo consiga. Es una realidad que cuando puedes ver la carrera de alguien anterior a ti, cuando tienes un espejo en el que reflejarte, es más fácil desplegar tus alas y creer que tú también eres capaz.
Otro grandísimo inconveniente es la incapacidad de combinar vida profesional con vida familiar. Si esto es difícil en todos los campos, en el de la música (que requiere desplazamientos prolongados y horarios altamente incompatibles) ser madre y pareja se hace muy cuesta arriba. Aun en el caso de que tengas un compañero apoyándote, la sociedad no lo entiende. Cuando mis hijas eran más pequeñas, al acabar un concierto la pregunta de mis conocidos solía ser “¿con quien has dejado a las niñas?”, algo que nunca oí que le preguntaran a mis compañeros en la misma situación, es decir, con hijos bebés. “Las madres tienen que estar con sus hijos”, esto es el dogma. Y aunque la sociedad cambie, que lo está haciendo, se sigue viendo mal que abandones “tus labores” para “perseguir tu sueño”. Ahí está el eterno dilema de una mujer, en éste y en todos los campos: ¿Qué hago, tengo hijos y familia o tengo éxito?
Pero soy optimista. Yo veo crecer cada día el numero de mujeres con las que comparto escenario. Veo a los grupos jóvenes llenarse de chicas, al frente o a los lados. Es posible que los cambios que aprecio aún no se reflejen fuertemente en la industria pero en los últimos años se han consolidado muchas propuestas de mujeres músicas que, cansadas de quedarse fuera, han impulsado iniciativas y buscado otros escenarios. En mi caso personal, los tres últimos proyectos en los que participo los realizo junto a otras mujeres, también protagonistas. Y nos damos espacio y nos ponemos al frente, nos agrupamos y nos hacemos fuertes. Nos valoramos y nos creemos que juntas se puede. En mi opinión esa es la clave, en ayudarnos las unas a las otras, en la SORORIDAD. Sororidad, del latin soror (hermana) que la RAE define como “solidaridad entre mujeres” es una palabra que levanta recelos cuando la pronuncias. Habría que preguntarse por qué fraternidad, del latin frater (hermano), no lo hace.
Carmen Bartolomé, Mehnai, cantautora cántabra
Carmen Bartolomé, Mehnai, es una cantautora cantabra que, hasta la fecha, ha publicado tres discos (“Grab it while it’s hot”-2011, “Trust freebird”-2014, “Red Dragon”-2018) encuadrados dentro del folk rock. Su música tiene la simple intención de “mover por dentro al oyente, de no dejarlo indiferente”. Actualmente participa en tres proyectos “Mujeres de Carne y verso” (junto a Maria Vida, actriz y Rebeca García, bailarina) , “Teoria de Cuerdas” (junto a Vanesa L. Morán, acróbata aérea) y “Mujeres Cantan a Mujeres” (junto a las cantantes Gema Marinez y Zhenya Popova).

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