Igualdad, un largo camino

Por Rocío Gándara

 

Las mujeres llevamos décadas luchando por nuestros derechos. Luchando por una igualdad que nos ponga al mismo nivel que los hombres en una sociedad que cada día nos da muestras de las diferencias de género que existen en todos los ámbitos. Recientemente se han aprobado dos normas del Gobierno de España que van encaminadas en este sentido, y que tratan de acabar con las injusticias que se producen a nivel salarial en el mundo laboral.

 

Pero esto es solo una pata del problema. Igualdad es no tener miedo a volver a casa sola de noche. Igualdad es que una mujer no tenga que elegir entre ser madre o desarrollar su carrera profesional. Igualdad es, en definitiva, que hombres y mujeres podamos vivir en las mismas condiciones. Porque, a diferencia de lo que defienden sectores de la población que quieren que retrocedamos décadas de conquistas sociales, el feminismo no pide nada más que hacer iguales a hombres y mujeres en una sociedad que todavía tiene que recorrer un largo camino para alcanzar ese ideal.

 

Nos encontramos en un momento crucial para la mujer. Las amenazas de un sector de la población a los derechos que tanto nos ha costado conseguir se suman a los problemas que tradicionalmente nos encontramos en el mundo laboral y familiar. Y si una mujer quiere ser, o es, madre soltera, esos problemas se multiplican. Un amplio sector de la población sigue sin entender, y en el peor de los casos sin respetar, los diferentes modelos de familia, sus matices, los valores que aportan y la diversidad que pueden aportar a nuestra sociedad. Esa incomprensión es la que sigue impidiendo una igualdad efectiva y real, y es ante la que tenemos que plantarnos para lograr no solo una igualdad de género efectiva y real, sino una sociedad en la que todas las opciones familiares sean aceptadas de igual manera.

 

Pero la igualdad social se debe alcanzar logrando que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades laborales, sin que haya discriminación de género en ningún ámbito de la vida, ni el familiar, ni el económico, ni el social. Nuestros hijos, cuando son pequeños, no entienden las distinciones que sí hacemos los adultos. Eso es lo que tenemos que fomentar, lo que tenemos que aprender de las nuevas generaciones, para lograr una sociedad mejor en la que todos los individuos, independientemente de su género o condición, puedan tener acceso a las mismas posibilidades.

 

Y por supuesto, una de las expresiones más duras, violentas y contundentes de esta desigualdad que sigue arraigada en nuestra sociedad son las agresiones y las muertes de mujeres que cada año se producen a manos de sus parejas. Hay quienes quieren suavizar su impacto y  menospreciar el sufrimiento y el terror de miles de mujeres incluyendo estos datos en un contexto generalizado de violencia. Pero todas sabemos lo que es pedir a una amiga que nos acompañe a casa por la noche. Todas hemos recibido algún comentario machista sobre nuestra forma de vestir, nuestra forma de ser o nuestro cuerpo.

 

Es intolerable, y mientras siga habiendo una sola mujer que sufra estos ataques que muchos quieren blanquear con humor, la sociedad nos tendrá a las mujeres, y cada vez a más hombres, por suerte, formando oposición y luchando por acabar con una desigualdad que tiene muchas caras. Ha sido un largo camino, hemos conseguido grandes logros, pero sigue quedando muchos hitos por conquistar.

 

 

Rocío Gándara es concejala de educación, juventud, servicios sociales y sanidad del Ayuntamiento de Noja

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