Acercándonos a la Igualdad desde el Senado

Por José Miguel Fernández Viadero

 

El Partido Regionalista de Cantabria llegó al Senado con dos grandes objetivos, que eran velar por que los intereses de las cántabras y los cántabros estuvieran defendidos a nivel estatal en el Parlamento y que los problemas de toda índole que nos traslada la sociedad de nuestra Comunidad Autónoma tuvieran voz. Entre toda la problemática que percibimos y que nos hace llegar la ciudadanía, destaca como no podía ser de otra forma una cuestión que no acaba de despegarse de nosotros: la desigualdad de género.

 

Si atendemos a los desafíos a los que nos enfrentamos en la lucha por lograr mejorar el presente y garantizar un futuro justo para las generaciones que nos sucedan, tenemos que poner nuestra atención y centrar todos nuestros esfuerzos en poner en marcha aquellos mecanismos que permitan de forma inmediata y sostenida en el tiempo el alcance de una vez por todas de la igualdad entre mujeres y hombres que hasta ahora ha sido, por lo general, inexistente en muchos ámbitos.

 

Entre los contextos en los que el desequilibrio por cuestión de género ha sido evidente hasta hace poco tiempo encontramos, tristemente, la esfera política en la cual, sin embargo, empezamos a ver atisbos de mejora en los últimos años. Cada vez es más común ver listas electorales paritarias o “cremallera”, garantizándose una representación femenina en nuestras instituciones como hasta ahora no habíamos visto nunca en nuestro país.

 

No obstante los datos que confirman esta tendencia, no deben hacernos caer en la complacencia ni creer que hemos llegado al final del camino en esta travesía conjunta hacia la igualdad plena. En este sentido, creo interesante en este Boletín aportar una visión de la situación del Senado, que demuestra que ese techo de cristal del que tanto oímos hablar es un obstáculo real que estamos cada vez más cerca de superar.

 

Si empezamos por analizar los órganos rectores de la institución, podemos decir que se van dando pasos en la dirección correcta. La composición de la Mesa del Senado es casi paritaria, estando formada por tres mujeres y cuatro hombres. De estos cargos, tanto la Presidencia como la Vicepresidencia primera están ostentados por mujeres. Si nos fijamos en la Junta de Portavoces, igualmente, vemos una representatividad femenina aceptable, con tres mujeres ejerciendo el cargo de Portavoz de Grupo de forma permanente. Sin contar los Grupos de la Izquierda Confederal y el Mixto en los que la Portavocía es rotatoria, la cifra de hombres Portavoces alcanza exactamente la misma cifra de tres.

 

Esta imagen tiene una correspondencia con la composición del Senado si a las cifras puramente cuantitativas nos referimos. Atendiendo a las cifras de composición globales, en la presente Legislatura, segregando los datos por género, el número de Senadoras alcanza las 108 de 275 (un 39 por 100), habiendo establecido un máximo que hasta ahora no se había logrado, habiendo sido una constante hasta hace pocos años que la cifra de Senadoras no llegara ni a la centena.

 

En definitiva, vemos un aumento progresivo del porcentaje de Senadoras en la Cámara Alta que, aún lejos de una paridad real y suficiente, invita al optimismo y nos demuestra que la tendencia estadística nos lleva hacia un equilibrio cada vez mayor en lo que al género se refiere, algo que tiene su eco también en los órganos de gobierno del Senado.

 

Hecho este telegráfico análisis cuantitativo, me parece interesante también centrarme en la parte final de este artículo en los pasos que se están dando en la búsqueda de la igualdad y del rechazo de cualquier tipo de violencia contra las mujeres.

 

Ya desde el comienzo de la Legislatura hace por estas fechas un año, la presidenta del Senado, Pilar Llop Cuenca, mostró que lucha por la equidad y la igualdad sería uno de los principios rectores de su mandato. En orden a lograrlo, se estableció que se guardaría un minuto de silencio al inicio de cada sesión plenaria en memoria de las mujeres asesinadas por violencia de género, habiendo sido, lamentablemente, muy pocos los Plenos en los que no hemos tenido que hacerlo. Igualmente, el Senado como institución se ha sumado a todos los actos de defensa de la igualdad y contra la violencia machista.

 

En lo que a actividad política se refiere, en torno a estas cuestiones se han debatido diversas iniciativas que han salido adelante con nuestro apoyo, y se han propuesto declaraciones institucionales que, a pesar de nuestro apoyo, no han podido salir adelante por la oposición de algún grupo político.

 

Para acabar, me gustaría concluir con un mensaje de optimismo. Las cifras, que al fin y al cabo son la prueba definitiva de los hechos, muestran que aún queda por remontar una pendiente hacia la efectiva igualdad y equidad de género. No es menos cierto que esa pendiente, según los datos, es cada vez menos pindia. Nos queda velar por la educación en igualdad, por la coeducación, y por la concienciación colectiva, de forma que logremos una ciudadanía comprometida que, cogiendo nuestro relevo, logre por fin llevarnos a la meta que hoy todos ansiamos alcanzar. 

 

 

 

José Miguel Fernández Viadero es diputado del Partido Regionalista de Cantabria en el Parlamento de Cantabria y senador autonómico por la Comunidad Autónoma de Cantabria.

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