Ni una más, nunca más
La mera existencia del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se sucede cada 25 de noviembre, nos enfrenta a la necesidad urgente y crucial de combatir una de las mayores lacras que empaña la trayectoria de las sociedades contemporáneas. La violencia contra la mujer no sólo constituye un atentado contra la igualdad y la paz, sino que perpetúa una de las más crueles formas de discriminación y se salda cada año con miles de víctimas en todo el planeta.
Las estadísticas reflejan que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual en el mundo. El dato resulta escalofriante, sobre todo si pensamos en la dramática realidad que existe detrás de cada uno de los registros oficiales: mujeres violadas, acosadas, agredidas, mutiladas, discriminadas por su condición de mujer, privadas de sus derechos más elementales y muchas veces en el seno de sus propios hogares, a manos de sus familiares.
La violencia contra la mujer es una tragedia con mayúsculas y suele encontrar en el silencio su mejor aliado. Por eso es importante que todos seamos conscientes de que esta lucha no implica sólo a quien la sufre. Todos podemos y debemos contribuir a erradicar esta lacra. Todos debemos y podemos alzar nuestra voz para que el silencio no sea cómplice, denunciando la violencia y al violento, apoyando a la víctima para que se sienta segura, ayudándole a defender sus derechos.
Y al mismo tiempo tenemos que educar a nuestros niños y jóvenes en valores. La educación es el arma más poderosa contra la violencia, la herramienta más útil para formar una sociedad comprometida con la igualdad, la tolerancia y el respeto. Es la forma de lograr que nunca más tengamos que lamentar una víctima más.
Miguel Ángel Revilla
Presidente de Cantabria y secretario general del PRC

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