Libres
El 25 de noviembre de 1960 las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas por sus acciones políticas contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana.
Años más tarde, en 1991, el movimiento feminista latinoamericano comenzó a conmemorar dicha fecha. Una conmemoración que asumió la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999, que en la resolución 54/134 entiende la violencia contra la mujer “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.
Desde entonces, la lucha de las mujeres no ha cesado. En los últimos años hemos visto las calles llenas de mujeres de todas las edades reivindicando derechos, igualdad de oportunidades, el fin de la violencia contra ellas. En definitiva, su libertad a decidir y a caminar por este mundo como cada una de ellas elija y quiera.
No es para menos. Raro es el día que no tenemos nuevos datos sobre el desempleo femenino; sobre las diferencias salariales entre hombres y mujeres por desempeñar el mismo puesto de trabajo; sobre las dificultades de las mujeres para acceder a puestos de dirección; o sobre el asesinato de una mujer a manos de su pareja o de cualquier otro hombre de su entorno familiar.
Los números son fríos, pero nos ponen de manifiesto la necesidad de acometer políticas transversales que erradiquen las diferencias entre hombres y mujeres y, especialmente, la lacra de la violencia machista.
Según datos del Ministerio de Igualdad, desde 2003, año en que comenzó a contabilizarse el número de víctimas, en España han sido asesinadas 1.073 mujeres. En lo que va de 2020, ya son 40 las mujeres a las que se ha arrebatado su vida, 29 de ellas a manos de su pareja. Lamentablemente, Cantabria no queda fuera de esa estadística, con un asesinato.
Pero no hablamos solo de que se les arranque atrozmente la vida, sino también de acoso sexual, de violencia psicológica, de coacciones, de trata, de tráfico, de falta de libertad… Un largo etcétera que muestra que la mujer, para algunos, es un objeto de posesión con el que se puede hacer lo que uno quiere.
Por ello, siempre he defendido y defenderé cualquier medida e iniciativa que persiga la protección de las víctimas e impulse la igualdad real de hombres y mujeres.
Escribía al inicio que, durante los últimos años, cada 25 de noviembre las calles se han llenado de mujeres que han alzado la voz y gritan: basta ya. Mujeres que reivindican su derecho a caminar libremente por la calle y a tener las mismas oportunidades. Y junto a ellas muchos hombres que han puesto de manifiesto que para acabar con las desigualdades y con la lacra de la violencia machista es fundamental el trabajo conjunto de todos, de hombres y de mujeres, porque esta sociedad la formamos todos y debemos conseguir que sea una sociedad igualitaria y libre.
José María Mazón
Diputado nacional del PRC

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