La memoria femenina

Por Francisco Javier López Marcano

Apenas el reclamo de una agencia de viajes mantiene viva la memoria de Pausanias. Ninguna calle, avenida o plaza graba su nombre; ni siquiera los autores de juegos de rol o de playstation lo convirtieron en uno de sus héroes de culto a la hora de elegir a sus personajes, de hecho solo aparece en una ocasión, en la serie ASSASSINS CREED ODYSSEY en la que desempeña el papel de líder de la liga del Peloponeso. Sin embargo, nos dejó un legado que aun siendo cierto que no contribuyó a transformar el mundo nos permite hablar con relativa propiedad de algunos hechos históricos que siguen perteneciendo a nuestro mundo cotidiano, como quedará claro, según espero, a lo largo de este escrito.

 

Los jóvenes europeos que emprendían en los siglos XVII y XVIII el Grand Tour, -verdadero precedente del turismo actual-, con la intención de conocer su continente y de acercarse a la cultura clásica llevaban en su equipaje, a modo de guía turística, la obra del personaje que nos ocupa, DESCRIPCIÓN DE GRECIA, que les servía de vademecum al tiempo que les descubría lugares como Olimpia y hechos históricos de pervivencia secular como los Juegos Olímpicos.

 

El templo de Zeus en Olimpia fue el lugar de celebración de los mismos, tal como consta en la obra del geógrafo, historiador y viajero del siglo II al que reiteradamente me refiero. Sus grandiosos valores: periodos de tregua entre las ciudades-estado, fortalecimiento de las relaciones entre los pueblos, culto al cuerpo, datación de los años por medio de los periodos olímpicos, v.gr. Roma fue fundada en el III año de la sexta Olimpiada, etc. se vieron desde su origen ennegrecidos por una mancha inadmisible en los tiempos actuales e incomprensible en cualquier momento histórico: la expresa prohibición de participar en los mismos a las mujeres, que permaneció vigente en todos los juegos de la antigüedad clásica y en buena parte de los de la época moderna. Sin embargo, y, aunque resulte contradictorio, su mayor símbolo, la llama Olímpica, se conservaba en el templo de la diosa Hera.

 

Ríos de tinta, fotografías, películas, documentales, novelas, gestas, marcas inalcanzables, o casi ensayos, dramas y un sinfín de consecuencias importantes rodean la preparación, primero, y la celebración, después, de los Juegos Olímpicos y los periodos que median entre ellos. No hay tregua para la calma entre unos y los siguientes. Mucho sabemos de los grandes deportistas y de sus logros, poco, o nada, de los Juegos Hereos.

 

Refiere Pausanias que en el año 580 a.C. las mujeres de la Élide en número de dieciséis, una por cada poblamiento, organizaron dichos juegos en las ciudades de Argos y Olimpia, en cuyo estadio se celebraban las competiciones de lo que, sin duda alguna, constituyó las primeras Olimpiadas femeninas. Tantos siglos después no entraña ningún riesgo considerarlo uno de los primeros hechos reivindicativos a favor de la igualdad. Las mujeres vencedoras recibían como premio una rama de olivo, la misma recompensa que los triunfadores en las pruebas masculinas. Casi veintisiete siglos después, el valor y la decisión de sus organizadoras merecen algo más que unas líneas en forma de mera referencia.

 

Aquella tarde en los aledaños de La Robleda, una de nuestras boleras de abolengo, las jugadoras de bolos acababan de disputar la Copa Presidente y, amigablemente, departían, vencedoras y vencidas, en torno a la misma mesa. Aproveché la ocasión, no sin cierto atrevimiento, para comentarles la celebración de nuestro concurso y los pormenores relativos a la organización, al orden de tiradas y a los premios. Manifestaron todas su alegría por la irrupción, primero, y mantenimiento hasta la fecha y las futuras, del concurso del P.R.C. que además de estar señalado como uno de los importantes para ellas tiene una característica singular: otorga los mismos premios para los jugadores que para las jugadoras.

 

Y yo me hice eco de ello y me comprometí a intentar que sea la norma de todas las convocatorias. No solo por razones de igualdad de género sino, sobre todo, por dignidad y por respeto a la memoria histórica de las dieciséis mujeres de Élide. Y, para mis adentros, dije: como los ramos de olivo.

 

 

Francisco Javier López Marcano es Vicesecretario de Política Institucional del PRC. Su extensa y relevante trayectoria política le ha llevado a ocupar los cargos de Alcalde de Torrelavega, Consejero de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria y Diputado en el Parlamento de Cantabria.


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