La Conciliación en tiempos de COVID…

Por Myriam Martínez Muñoz


Conciliación es un concepto muy recurrente en la actualidad, y pudiera parecer un término oportunista, pero en realidad lleva conviviendo en nuestra sociedad, cerca de dos décadas. Es verdad, que está siendo un reclamo cada vez mayor, con la coletilla de “se ha hecho mucho, pero aún queda mucho por hacer” y, efectivamente, comparto esa expresión. 

 

En este sentido, la Ley de Igualdad de 2007 ya dedicaba un Capítulo a esta constructo, en términos de derecho adquirido por parte de madres y padres. Si se me permite, quería destacar el matiz que refleja la propia la ley, explicitando que también se refiere a la vida personal (junto a la laboral y la familiar). Ésta conjugación de factores, no puede entenderse en estamentos diferenciados para una familia. Me gusta hablar de un trío de variables, porque una vez que te conviertes en madre o padre parece que tu vida personal se tiene que esfumar, dándose un juego de equilibrio únicamente entre  familia y trabajo, y esto ocurre con especial incidencia en el caso de la mujer.

 

Por tanto conciliar debe significar atender a esas tres esferas, con ciertas garantías y con cierto equilibrio entres ellas. Son tres elementos de una ecuación, y cada uno de ellos soportará un valor determinado en proporción directa con los otros dos. 

 

El contexto actual de medidas preventivas derivadas de la crisis sanitaria, está conllevando un cambio radical en el estilo de vida de las personas y de las familias. Esta situación puede ser el escenario forzado pero a la vez necesario, para que el abordaje de la conciliación adquiera nuevas dimensiones en relación con conceptos que ya resonaban (nuevas formas de trabajo, flexibilidad laboral, teletrabajo…) pero que se utilizaban en pequeñas dosis, y a veces con cierto recelo. Aún así, no hay que obviar que los niños y las niñas están inmersos en su propio desarrollo evolutivo, lo cual requiere de una reflexión profunda, en otros términos: multiplicidad de roles de la persona  responsable de su crianza y cuidado, al ofrecer amor, al educar, al apoyar en las tareas escolares, al mantener el hogar y al mismo tiempo dar respuesta a sus exigencias laborales, todo ello en una supuesta armonía que pocas veces se puede mantener. 

 

En este escenario actual, de este año 2020, en el que después de un confinamiento de varias semanas hemos ido cambiando hábitos instaurados como ha sido el prescindir de los apoyos informales, que en otras ocasiones nos brindaban las abuelas y los abuelos; en el que nos hemos encontrando con menor oferta de iniciativas en materia de ocio y cuidado infantil para dar cobertura a problemas de conciliación; y en el que, actualmente, vamos a tener que lidiar con las cuarentenas ya sea por un positivo, o de forma preventiva; todas las dificultades que las familias podíamos haber experimentando en años anteriores, han cobrado un nivel superior en este momento. Queda poco espacio, en este escenario relatado, para atender el área personal.  Sólo en aquellos casos más favorables en los que se haya podido conseguir ese equilibrio entre la esfera laboral y la familiar, se podrá permitir una persona “el lujo”, que más bien debería defenderse como un derecho, de dar una respuesta armoniosa a la esfera personal. 

 

Leía diversas publicaciones sobre el estrés de muchas mujeres derivadas de este efecto “navaja suiza” que ya no sé si es un término que he escuchado, o ha sido una asociación de ideas, pero es muy clarificador, y que no necesita de mayor explicación. Cuando compartes 10 minutos de charla con otra mujer, madre, la conversación tiene muchas probabilidades de pasar por las mismas inquietudes: “y tú, ¿cómo te organizas?, estoy agotada”. Por ello, estamos en un momento de oportunidades, a muchos niveles (relacionales, de autoconocimiento, de reestructurar espacios, en relación a la sostenibilidad, a la movilidad y un sinfín de puntos suspensivos) y a medida que hemos ido recobrando el pulso, y retomando ciertas rutinas y obligaciones, el concepto de conciliación debe ir de la mano de esta nueva realidad. La sensación general, es de falta de adecuación, de inseguridad, y de cierta inquietud. Parece que la realidad y las necesidades reales de las familias, van de forma desacompasada, dado que muchas personas, y con especial mirada, muchas mujeres, nos estamos viendo haciendo auténticos “sudokus” en nuestra organización familiar. 

 

Bien, aquí se debe conjugar el papel que tiene cada sistema familiar y sus recursos propios, el de la empresa o sector en el que se desempeña la actividad laboral y el y la responsabilidad que tiene la administración, en este ámbito. A nivel nacional se está trabajando en la Ley que regule el teletrabajo, pero hay movimientos sociales que van más allá, y reclaman medidas urgentes para la conciliación, como el establecimiento de ayudas a la contratación en el hogar, y la regulación de las bajas laborales asociadas al cuidado de hijos e hijas cuando tengan que estar en cuarentena. En Cantabria, la reciente Ley de Igualdad de 2019, otorga a las entidades locales, como administración más cercana a las familias, la función explícita de cara a diseñar recursos en materia de conciliación para su ciudadanía. Todo esto implica, que deben de ponerse TODOS los recursos y herramientas sobre la mesa, ya que es una necesidad no únicamente de padres y madres, más bien, es una responsabilidad colectiva de nuestra sociedad.

 

Yo, personalmente, a pesar de que en este ámbito estamos yendo un paso por detrás a los acontecimientos y necesidades reales de las familias en este momento, tengo una visión esperanzadora y optimista. Creo que toca dar un paso firme en esta dirección, a la hora de establecer una política de conciliación integral y realista, y quiero pensar que se está fraguando una respuesta ambiciosa en este sentido.

 

 

Myriam Martínez Muñoz es Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca, y Máster en Igualdad y Políticas Públicas por la Universidad de Cantabria. Concejala del Grupo Municipal Regionalista en el Ayuntamiento de Santander desde 2019.

 

 

 

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