Mujer y Deporte, diferencia, igualdad y equidad

Por Alfonso Nicholls

El deporte es una actividad humana, usualmente con normas y competitiva, en la que los resultados se consiguen mediante ejecuciones motrices realizadas con nuestros propios cuerpos.

Somos diferentes y normalmente antes de los tres años, tomamos conciencia de las diferencias físicas entre mujeres y varones. Por término medio, no somos iguales en nuestra morfología -ángulo de los hombros, la altura, el peso, las caderas…- y fisiología -volumen cardiaco, cantidad de tejido muscular…-. Por lo tanto, podemos adjetivar como axioma que hay diferencias corporales entre hombres y mujeres, o lo que es lo mismo, no disponemos de la misma herramienta para hacer deporte, de lo que podemos deducir que hay diferencia en la ejecución, los resultados y, por qué no, en el sentido que unas y otros le dan a la práctica deportiva, por lo que un acercamiento a esta actividad humana sólo desde la igualdad puede seguir acarreando injusticia. Además, no sólo las diferencias corporales, también la desventaja y segregación, histórica y cultural, de las mujeres respecto a los hombres en la práctica deportiva, la igualdad, aunque necesaria, puede que no sea suficiente para cerrar la brecha que aún existe.

Basándonos en la diferencia, puede ser que, para alcanzar la igualdad, el apoyo al deporte femenino deba ser distinto al que se da al masculino, siendo gran parte de este soporte el económico. Es cierto que los consumidores de deporte, ya sea prensa o espectáculo, son mayoritariamente los varones -al menos el deporte en la versión moderna del circo romano, dominada por el negocio y los grandes gladiadores modernos, ya que cuando se trata del deporte base, las canchas se llenan de madres-, por lo que siendo hombres los que sustentan la parte rentable del negocio deportivo, puede parecer lógico en términos económicos -que no éticos o sociales- que los patrocinios privados se centren en el deporte que más se consume, y para alterar esto haría falta un cambio en los valores del espectador.

Está claro que a los sponsors privados no se les puede obligar a invertir en justicia social -al menos hasta que los consumidores no premiemos los productos y servicios que la apoyen-, pero otra cosa es el gestor de lo público, al que si se le puede exigir que los recursos económicos que son de todos, sean destinados a facilitar el igual acceso a los derechos de hombres y mujeres. Si un niño puede jugar al fútbol en su municipio por 30€/mes, a la niña que se tiene que ir lejos por que son menos las féminas que lo practican en su localidad ¿la deberíamos apoyar con fondos públicos para que ejerciera su derecho a jugar al fútbol? Más aún, cuando se publiquen las órdenes de subvenciones del Gobierno de Cantabria o se hagan los convenios de los ayuntamientos con los clubes deportivos el apoyo económico ¿debiera  ser igual para hombres y mujeres de la misma categoría y deporte o en función del presupuesto del año anterior?

Para ser equitativos, no parece que podamos dar respuesta a esas dos preguntas sólo desde la igualdad. Si queremos que la niña juegue al fútbol, no vale con darla el mismo apoyo que al niño, ya que no la es suficiente con la escuela municipal de su pueblo, y quizás necesita una beca de transporte para ir hasta una localidad en la que haya un equipo femenino. Por otro lado, un equipo de División de Honor femenina de balonmano, puede partir en desventaja respecto al masculino, tanto por la deuda histórica con el deporte de mujeres que per se arrastran presupuestos inferiores, como a la hora de encontrar patrocinios u obtener los mismos fondos que los hombres. En ambos casos ¿no debe lo público aplicar un enfoque no igualitario y equilibrar la balanza para facilitar la igualdad de derechos aplicando principios de equidad?


Alfonso Nicholls es Maestro de Primaria, especializado en E. Física y Licenciado en Psicopedagogía. Posgraduado en I+i en Educación, rama de Pedagogía Social. Es Tecnico Deportivo, en la especialidad de Balonmano y cuenta con una experiencia de mas de 15 años de entrenador de un equipo de 10 de féminas.

Desarrolla su actividad profesional como Educador de menores, gestor de viviendas para jóvenes y profesor universitario.

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